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Villa Mella resuena con el crujir del chicharrón: un legado cultural en riesgo

Redacción.
Santo Domingo Norte, RD. — En el corazón cultural de Santo Domingo Norte yace Villa Mella, una comunidad histórica donde el aroma del chicharrón ha estado ligado durante siglos a su identidad. Hoy, esta fritura emblemática enfrenta desafíos, pero su fuerza simbólica sigue viva gracias a la pasión de quienes aún la preparan y defienden su legado.

Un origen con sabor a folclor

Conocida originalmente como Sabana Grande del Espíritu Santo, Villa Mella se consolidó durante finales del siglo XIX como el epicentro nacional del chicharrón. Mientras caravanas de campesinos llegaban a vender sus productos, los lugareños comenzaron a freír carne de cerdo y ofrecerla en bandejas, acompañada de casabe, yuca o guineítos. (Wikipedia, Hoy Digital)

Aquella labor pionera fue abrazada por generaciones, convirtiendo el chicharrón en patrimonio urbano.

La época dorada y los maestros fritureros

Durante las décadas principales del siglo XX, Villa Mella se ganó el apodo de «capital del chicharrón dominicano». Maestros como “Brazobán”, “Minín”, “Máximo” o “Tuco” fritaron carne a leña bajo fuego intenso, vendiendo en patios familiares y en calles donde un joven espantaba moscas con una penca de coco. (merengala.blogspot.com, Hoy Digital)

Su oferta incluía no solo chicharrón, sino entresijos, morcilla, bofe, asadura y orejita: un banquete popular al alcance de todos.

Chicharrón y cultura viva: los Congos y la UNESCO

Este banquete se entrelazó profundamente con la espiritualidad afrodominicana representada por la Cofradía del Espíritu Santo de los Congos de Villa Mella —Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2001. (Listín Diario, Hoy Digital, merengala.blogspot.com, LaCronica.do, El Nacional).

Según el investigador Miguel Ángel Cid Cid, el chicharrón está ritual y culturalmente vinculado a la dinámica conguera, a la cosmovisión de Kalunga y a los tambores que marcan celebraciones como Pentecostés y los funerales comunitarios. (Acento, elgloboindependiente.com).

Declive y resistencia actual

Los pioneros han ido desapareciendo y muchos descendientes abandonaron la tradición o emigraron. Hoy apenas quedan una decena de frituras activas, donde una libra de chicharrón cuesta entre RD$ 250 y RD$ 280, muy por encima de los escasos centavos del pasado. (Hoy Digital, merengala.blogspot.com).

Jóvenes como Joel Jiménez afirman que “no pasan de diez” los expendios operando, pero siguen “porque es una manera honrada de ganarse la vida”
(Hoy Digital, merengala.blogspot.com).

Victor Magallanes, con 40 años en “El Manguito”, asegura que aunque la venta cayó, mantiene firme su compromiso diario con este oficio
(Hoy Digital, merengala.blogspot.com).

Feria del Chicharrón: esfuerzo comunitario para preservar el sabor

Desde 1969, la Feria del Chicharrón se celebra cada noviembre, organizada por la Fundación Pro Conservación y Difusión de la Cultura de Villa Mella. El objetivo: reivindicar el producto, promover su historia y vincularlo con la música y el folklore local. Esta feria rinde homenaje a figuras como Pío Brazobán y Sixto Minier, líder de los Congos, importante difusor de la tradición cultural villamellera. (laverdad.com.do, LaCronica.do, Listín Diario).

Un llamado a las instituciones y a la generación nueva

Líderes locales y defensores culturales piden apoyo institucional para revitalizar la producción del chicharrón y convertirlo en atractivo turístico. Andrés Fortunato, presidente de la Fundación, destaca que la gastronomía local debe mantenerse viva como elemento de identidad generacional. (quemashago.com).

Autores como Miguel Ángel Cid Cid sugieren que, junto a los Congos, el crujir del chicharrón puede ser motor económico y cultural para Villa Mella.
(laverdad.com.do, Acento, elgloboindependiente.com).

En resumen

Villa Mella no solo ha sido cuna de sabor: su chicharrón es historia, cultura y resistencia. Este producto emblemático ha sobrevivido gracias a manos humildes, fuego de leña, solidaridad comunitaria y la espiritualidad de sus congos. Pero ahora enfrenta el reto de desaparecer. La responsabilidad recae en todos —gobierno, comunidad, nuevas generaciones— para que el crujir del chicharrón siga narrando sus raíces y su identidad.

 

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